Título: “ODELL”. Autor: ISCARIOTE

ODELL

Lo primero que uno aprende en Treblinka es a perder. Y lo primero que se pierde es la esperanza de ganar. El campo de concentración es un monstruo siempre hambriento que lo arrebata todo: la fuerza, la alegría, la esperanza… Odell sabe que hace semanas que no siente nada de aquello; perdidos los sentimientos, pisoteados entre el barro de los pabellones de Treblinka.

 

No siempre fue así. Cuando fue trasladado a aquel oscuro rincón de Polonia hace 6 meses, era un muchacho de 27 años alto, pálido y rubio… y con sueños. Recuerda que tuvo ideas políticas, aunque ya no recuerda cuales y, francamente, eso parece carecer de ninguna importancia ahora mismo. También tenía las cosas claras, eso es lo que más echa de menos. Antes siempre sabía lo que estaba bien y lo que estaba mal, no quería decir que siempre tuviera razón, simplemente que tal y como él veía las cosas “siempre” tenía razón, y eso era suficiente. Cuando todo lo demás le fallaba, cuando el mundo se tambaleaba, siempre quedaba él y a sí mismo se aferraba. Ahora ya no sabe qué es lo correcto y qué lo erróneo, donde antes había determinación ahora solo queda inseguridad. Y poco a poco, abriéndose paso a través de esa sensación de inseguridad: el miedo. Lo nota arrastrándose y avanzando lentamente dentro de él, ganando fuerza, arañando y devorándole por dentro.

 

Miedo. Miedo por perder finalmente todo ante Treblinka; miedo de la muerte, claro, pero también miedo de ya no ser quien era nunca más, de no poder encontrar a aquel muchacho de quien se sentía vanidosamente orgulloso, de no reconocer ninguno de sus rasgos en aquel chico delgado e inseguro, que camina por el barro de Treblinka pisoteando lo que fue, rumbo a lo que es, sin saber si será.

 

Lo segundo que uno aprende en Treblinka es a perder. Y lo último que se pierde es la humanidad. Odell recuerda exactamente ese momento, el día que dejó de ser humano. Era una tarde lluviosa, no parecían existir otro tipo de tardes allí, el horizonte chilló con el sonido del tren acercándose a la estación del campo de concentración, reclusos nuevos. Bajaban del vagón tapándose los ojos, deslumbrados a pesar del gris del cielo, con pasos cortos e inseguros con los dedos lívidos de apretar entre sus manos fotos, relojes, pañuelos… Algo cotidiano que les ayudara a saber quienes eran, que les permitiera recordar lo que un día tuvieron. Por supuesto esos objetos fueron los primeros que les arrebataron los carceleros, la identidad no es importante ni deseada allí, son un número, un animal o menos que un animal, una herramienta. Entre el desfile de números bajó aquella niña, agarrada a su madre con los ojos como platos de un precioso azul cielo, pero del cielo de verdad, no del de Treblinka.

—Rivka —Susurra su nombre como en un suspiro, cada día se obliga a ello varias veces, intentando que signifique algo para él, que despierte cualquier sentimiento: pena, rabia, odio, desprecio… lo que sea menos esa vaga indiferencia. Porque aún se acuerda de lo poco que le importó ver cómo esa niña era conducida a las duchas y ver cómo después era arrastrada fuera de ellas, nunca más como Rivka. Porque el miedo le paralizó y no porque una niña inocente con ojos como el cielo de su infancia hubiese muerto, sino porque Treblinka le había ganado la última batalla,  ya no le importaba, no le conmovía, ya no era humano.

 

Lo tercero y último que uno aprende en Treblinka es a morir. Y mientras se calza sus gruesas botas negras y se ajusta el brazalete con la cruz gamada a su abrigo largo intenta razonar que le diferencia de aquellos números que murieron antes que él, de aquellas… herramientas, de Rivka.

 

—Probablemente nada, solo seré un cadáver mejor vestido que el resto —murmura entre dientes mientras coloca la boca de su fusil en su sien derecha y tira del gatillo hacia abajo.

 

En Treblinka nadie gana, ni siquiera los carceleros.

 

 

 

 

Autor: Iscariote

 

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Comentarios
Un comentario de “Título: “ODELL”. Autor: ISCARIOTE”
  1. María dice:

    Iscariote…..Que preciosidad……

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